Por: Luis Felipe Pérez Sánchez

“Fue por accidente que terminé escribiendo tres novelas eróticas”, dice Eduardo Kovalivker. Las propone como historias que, al acercarse a las relaciones sensuales, se cuentan explícitamente los encuentros entre los protagonistas. No es casualidad, no del todo. Kovalivker, nacido en la Plata, presume ser un curioso y que, casi por divertimento, comenzó a inspeccionar narrativamente eso que en poesía, género literario al que acude desde siempre para la expresión de los sentimientos, ya le había llamado la atención.

Ahora, con Jannah, una de tres obras que lanza al mercado la editorial Hojas del sur, el también activista de derechos humanos, se inscribe como novelista. Trasciende a una exitosa carrera de poeta. Nos presenta su nueva faceta donde es un narrador que no esconde la parte autobiográfica en lo que escribe. El autor, en entrevista, sonríe mientras parece evocar lo que sí es parte de la historia. Vuelve a mostrar ese gesto de quien recuerda un tiempo aventurero anterior, de cuando era, como afirma él, un “ciudadano del mundo”. Sus viajes y sus experiencias, como si se tratara de un Marco Polo, lo han llevado a contar. Y narra con soltura las experiencias juveniles que la vida, en Israel o en Cuba o en México, lo ha llevó a vivir. Las nutre, en todo caso, de los diferentes hombres que ha sido.

El personaje, Eli, es una proyección de sí mismo y le sirve para expresar sus experiencias acerca de las relaciones humanas, también su opinión a propósito de cuestiones políticas, económicas, sexuales.
Jannah tiene como protagonista a un ingeniero químico nacido en Argentina, como el mismo autor. Eli tiene afición por la comuna hippie y ha llegado a vivir a Tel Aviv porque ha conseguido un trabajo como profesionista. Convive con un grupo de amigos que escucha Leonard Cohen, vive un tanto de fiesta y de un activismo de fin de semana.

La novela transcurre entre la violencia de la década de los setenta y dos romances paralelos. Las atmósferas de una ciudad lejana e ignota para el narrador son un logro de esta novela que nos hace transitar por Jerusalen, Israel y Tel Aviv. Dice el propio Eli: “Siempre que venía a la ciudad se me llenaba el corazón; tanta historia, tanta belleza, tanto coraje, tanta sangre vertida por el mundo y yo ahí, en el centro de todo”.

La vida de esos años sesenta se puede experimentar cuando se lee a Eduardo Kovalivker. Era un momento de resistencia y guerrilla, lucha de ideologías y progresismo, liberación sexual y mucha confusión entre lo que se quería hacer y lo que se debía, entre lo que se hacía y las consecuencias de los actos. Reflexiona, y en la introspección habla para sí mismo: “nunca quisimos convertir a nadie. Tal vez ese fue nuestro pecado de soberbia; no sé no soy creyente. Perversos seguidores de aquel buen rabino Jesús de Nazaret nos destrozaron a lo largo de los siglos solo porque quisimos seguir siendo nosotros.”

En todo caso, con Jannah, el lector podrá inspeccionar los dos lados de una experiencia sensual. Es una reflexión sobre las relaciones humanas y la exploración de los encuentros sexuales. Hojas del sur deja en esta edición la oportunidad de seguir a un protagonista que tiene que asumir las consecuencias de sus actos, las razones y los porqués. Podremos leer las preguntas acerca de su presente halladas en la infancia y su manera de responderlas. Encontraremos también el espejo de una época en la que la juventud se mueve algo confusa víctima de los movimientos políticos de esos tiempos de violencia y diáspora, los años sesenta de los que se vale Kovalivker para escribir Jannah, la novela que cierra la trilogía que había iniciado con Clavelina y Bianca.