Por Revista Apertura

Nota escrita por @CeciFilas en la revista Apertura el 06 de Enero 2017

La trayectoria de Eduardo Kovalivker no es lineal sino, más bien, sinuosa como las curvas de las mujeres que protagonizan su trilogía de novelas eróticas Bianca, Clavelina y Jannah. De hecho, se podría decir que la historia del escritor –desde su madre, que le leía poesías de Rubén Darío y José de Espronceda para irse a dormir; hasta los ingenuos poemas de amor que le escribía a una compañera de la escuela cuando tenía 8 años– está influenciada por una intensa presencia femenina.

Sin embargo, su carácter pragmático de ingeniero químico fue dominante y la literatura quedó suspendida, en estado latente durante décadas, mientras se ocupaba de desarrollar el negocio familiar, la Droguería Suizo Argentina, de la que se retiró en 2013. Kovalivker, no obstante, está por encima de esa ambigüedad: “Creo que todas son elecciones ¿no? Es la dualidad que tiene la mayor parte de la gente que se quiere dedicar a alguna actividad cultural o artística, sabés que con eso no se come. Casi nadie, en estas últimas décadas, vive de la profesión de escritor y menos de poeta. Bueno, ingeniería química me pareció que era una carrera lógica, agradable”.

Eduardo KovalivkerLuego de recibirse en la universidad de su natal ciudad de La Plata, viajó a Israel con un contrato laboral en el Instituto de Investigación Tecnológica. Tres años después, y tras un breve interregno en Francia, volvió a la Argentina para tomar las riendas de la empresa paterna. Fueron años contradictorios, mientras el Kovalivker empresario crecía y se ampliaba, el escritor se desvanecía en la cargada agenda cotidiana: “Seguí creciendo en esos años de dictadura, hiperinflación… La realidad es que fueron épocas muy difíciles y yo hice crecer una pequeña empresa que tenía mi padre. Viajaba todas las semanas (la mitad del tiempo lo pasaba en el interior), criaba a mis hijos y tenía mi hogar… Bueno lo que hace todo el mundo. Realmente no quedaba mucho tiempo para escribir y, a veces, cuando uno tiene tantas actividades cuando llegan los momentos libres te dedicás a lago que te limpie la cabeza”.

“A medida que fui dejando en mis hijos el control de la empresa me dediqué a mi vida, a mis cosas, básicamente a escribir. Recién a los 40 años publiqué mi primer libro de poesías, después pasaron 15 años más sin escribir, y a partir del año 2000, cuando la editorial Proa me publicó mi primer libro (NdeR: Las horas que quedaron), empecé a escribir mucha poesía. Pero la poesía, en general,  no vende ni llama. Está en crisis desde hace muchos años. Así que alrededor del año 2010 se me ocurrió escribir novelas”, explica.

Hace un análisis duro de la poesía contemporánea…

El tema de la poesía es muy grave porque es como que se adueñaron de la palabra poesía para hacer cualquier cosa.  La poesía siempre tiene que poder compararse con el canto, ¿hay alguna canción que no se entendía lo que quieren decir? No. Que sea simple o complicada, que sea de Sabina o que sea un tango, todas tienen historias. La poesía, hasta mediados del siglo XX, donde tenés a los grandes poetas de lengua hispana  como Miguel Hernández, Pablo Neruda, Rubén Darío, Amado Nervo, al mismo Jorge Luis Borges, se escribía con sentido, con mensaje. La gente entendía lo que quería decir y, aparte, tenía rima y musicalidad, que son importantes para recordar, por eso se hacía eso, y por eso hoy las canciones siguen así. Ahora cualquiera dice que escribe una poesía. Un tipo que en vez de escribir a lo largo escribe para abajo un pensamiento o una imagen, sin punto, sin coma, sin mandar un mensaje claro que alguien pueda absorber porque es una cosa interna del tipo, y dicen que es poesía. Yo no veo más una poesía de protesta, en favor de los indígenas, de las mujeres, no veo más. Desapareció todo. O sea que la poesía no tiene sentido hoy. Por lo menos, la mayor parte de la poesía que publican. A mí, gente joven continuamente me manda poemas y yo me canso de explicar en las universidades siempre que lo primero que tenés que hacer cuando escribís una poesía es estar seguro que la persona o el grupo humano al que está dirigida, entiende lo que escribiste. Y, segundo, lo que hacían todos los poetas: rima musicalidad, belleza. Es cualquier cosa lo que hay hoy. Lo que se está publicando como poesía no existe, no tiene sentido.

¿Por eso se volcó a la literatura?

Yo sigo amando la poesía igual. El vuelco a la prosa lo di porque yo publicaba libros de poemas y la gente ni se preocupaba. Hoy no se difunde casi nada la cultura, en general, y no hay medios, no hay nadie que se ocupe en difundir poesía, nadie importante ni masivo. Y me di cuenta que novelas como 50 sombras de Grey -que es una novela menor desde el punto de vista literario- tenían un atractivo bárbaro y dije: “Bueno vamos a ver si enganchamos por ahí”. Y mis novelas, por más que las presentan como novelas eróticas, son novelas donde los personajes tienen vida, hay acción, hay pensamientos, hay poesía.

El libro tiene varios puntos en común con su vida personal, ¿es casualidad?

En mis novelas hay parte de mi vida, son parte de mis experiencias. Lógicamente viví la época de la Dictadura, Lili es un personaje real que estaba en una organización. Es una persona, con otro nombre, que  desapareció a manos de los militares. El principio de la relación con Jannah -que tampoco se llamaba Jannah- es real, a mí me tocó vivir la época de los hippies en Israel. Y yo con estos dos personajes, sobre todo con Lili que la amé, seguí una historia que es mía. Esa es mi mentalidad de escritor: mezclar la ficción con la realidad. Y si me preguntas qué hay de cierto y cuánto hay de historia en Jannah, me quiero dar el gusto de decir que cada uno piense lo que quiera. Yo me divierto con la literatura.

Hay una impronta femenina muy fuerte en sus textos, ¿cuál es la dimensión que ocupan las mujeres en sus novelas?

Pienso que es el grupo humano más vejado, sometido y esclavizado que hubo en la historia del mundo. No los negros, los indígenas, los pobres, los judíos… Nadie sufrió tanto sistemáticamente la opresión como la mujer, es la realidad. Mirá lo que pasa en los países árabes, o en países como Bangladesh, en cualquier lugar la mujer es el primer término de intercambio: las van a mandar a prostituirse en extrema pobreza, o las van a mandar a ser ciudadanas de quinta en todo el mundo musulmán extremista, esta situación sigue en el mundo.

¿Cree que hubo un cambio de conciencia en relación a las mujeres y la violencia de género en el país?

La verdad no, porque el problema que hay en la Argentina no es el problema de la mujer, sino el de la descomposición del marco social. Hoy nos dedicamos al problema de la mujer, pero la mujer de acá jamás genera manifestaciones a favor de las mujeres del resto del mundo. Porque, realmente, si sos feminista tendrías que hacer un gran escándalo por las decenas de miles de clítoris cortados a mujeres en el mundo musulmán o por la prostitución de las niñas. Pero, por otro lado, trato de poner también en línea que acá en la Argentina, independientemente del sufrimiento de la mujer, hay problemas serios en el contexto social como es la niñez. No se pelea por la niñez como se está peleando hoy por la mujer. ¿Cuántos chicos y chicas, pobres, vejados, oprimidos, golpeados hay? Claro, los chicos no pueden hacer manifestaciones… A mí me gusta siempre poner las cosas en un marco global, verlo desde arriba. Las mujeres son un problema acá, pero no es el único. No digo que no estoy de acuerdo, voy a pelear como he peleado siempre por una injustica como es el tema de la vejación de la mujer acá en la Argentina, pero no es nuestro único problema, no perdamos el marco de las cosas porque este país sufre cosas tan serias o más serias como esas, pero no están de moda –porque hoy los medios de comunicación buscan cosas para llamar la atención, y esto llama mucho. A mí me gustaría que hubiera manifestaciones como estas en defensa de los niños.

Su trabajo con los chicos de la Villa 21-24 va en ese sentido…

Yo cuando veo gente que realmente trabaja por la sociedad y puedo apoyarla, la apoyo. Una de las sucursales de mi empresa está cerca de la Villa 21-24 y llegó el padre Juan [NdR: Isasmendi] y vi su obra, es un muchacho joven, digamos, que vive para hacer el bien y resolví ayudarlo en todo lo que podía y nos dedicamos a fomentar el estudio. Hicimos una escuela secundaria en la villa, ayudados también por la municipalidad, yo aporto para que los chicos tengan apoyo escolar para que salgan adelante. Tengo dos poemas sobre la Villa, Caacupé y Trotecito, que cuenta con la historia de un chiquito que reparte cocaína a los automóviles que se acercan a la villa. Hay muchas historias para escribir sobre la villa.

Jannah

La novela se desarrolla entre La Argentina e Israel, durante el convulsionado período que se extiende entre fines de los años ’60 y los ’70. Entre historias de hippies y militares, Eli, un joven argentino, desarrollará dos romances paralelos con Jannah, una chica israelí, y Lili, una militante del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP).